El idiota
El idiota —¡Cualquiera la entiende! —comentó Varia alzando los brazos.
Por poco jactancioso que se sintiera Gania en aquel momento, no pudo reprimir una sonrisa de triunfo ante aquella circunstancia que parecÃa desmentir las sombrÃas predicciones de Hipólito. La misma Bárbara Ardaliovna correspondió con un aspecto radiante a la expresión de orgullo de su hermano.
—¡Y el dÃa de la presentación oficial del novio! ¿Quién entiende esto?
—¿De qué querrá hablarme mañana? —preguntó Gania.
—Eso no importa. Lo esencial es que, por primera vez desde hace seis meses, Aglaya manifiesta deseos de hablarte. Escucha, Gania: pase lo que pase, pónganse las cosas como se pongan, lo esencial es eso. ¡Muy esencial! No vuelvas a cometer fanfarronadas ni disparates, no repitas las necedades anteriores; pero, aparte eso, no temas, no vaciles… ¡Mucho cuidado! ¿PodÃa ella dejar de adivinar por qué he estado visitándola estos seis meses? Y, sin embargo, hoy no me ha dicho una sola palabra. Estaba como si tal cosa… Me han recibido a escondidas de la vieja, que, si llega a verme, es capaz de ponerme en la puerta. Pero me he expuesto a ese riesgo porque, costase lo que costara, querÃa saber…