El idiota
El idiota Oyéronse nuevos gritos en el piso superior, seguidos de las pisadas de varias personas que descendÃan la escalera. El espanto se adueñó de Varia.
—¡No podemos dejarle irse ahora por nada del mundo! —gritó—. Hemos de impedir hasta una sombra de escándalo. ¡Vete a pedirle perdón!
Pero el general estaba ya en la calle, seguido de Kolia, que llevaba su maleta. Nina Alejandrovna, en pie en lo alto de la escalera, lloraba y querÃa precipitarse hacia su marido. Ptitzin la retenÃa.
—No servirÃa sino para excitarlo más —aseguraba el esposo de Varia—. No tiene ningún sitio adonde ir y de aquà a media hora le traeremos a casa… Yo he hablado a Kolia y… Déjele llevar adelante su locura.
—¿Qué tonterÃas hace usted? ¿Adónde va? —gritó Gania por la ventana—. Bien sabe que no tiene adónde…
—Vuélvase, papá —suplicó Varia—. ¿No ve que los vecinos…?
El general se detuvo, dio media vuelta y extendió los brazos.
—¡Mi maldición sobre esa casa!
—¡Siempre teatral! —rezongó Gania, cerrando la ventana con violencia.