El Jugador
El Jugador —El reglamento no permite poner en el “cero” más de doce federicos a la vez, abuela, y ya os he puesto.
—¿Cómo no se permite? ¿Es esto cierto… ? “¡Moussieé, moussieé!”
Tiró de la manga al croupier sentado a su lado, que se disponía a hacer girar la ruleta.
—“Combien zéro? Douze? Douze?”
Me apresuré a explicar al croupier la pregunta en francés.
—“Oui, madame” —confirmó, cortésmente, el croupier—; tampoco ninguna postura individual puede pasar de cuatro mil florines. Es el reglamento.
—Entonces, tanto peor. Pon doce.
—Hecho el juego —anunció el croupier.
El disco giró y salió el 30. ¡Habíamos perdido!
—¡Sigue poniendo! —dijo la abuela.
Me encogí de hombros y sin replicar puse doce federicos. El platillo giró largo tiempo. La abuela observaba temblando. “¿Se imagina que el ‘cero’ y va a ganar de nuevo?”, pensé, contemplándola con sorpresa. La certeza absoluta de ganar se reflejaba en su rostro, la espera infatigable de que se iba a gritar: “¡Cero!” La bola paró dentro de una casilla.
—“¡Cero!” —cantó el croupier.