El Jugador
El Jugador —“Merci, madame!” —dijo Blanche, que se inclinó, cambiando una sonrisa irónica con Des Grieux y el general.
Este estaba un poco cohibido y experimentó un alivio cuando llegamos a la avenida.
—Feodosia va a tener una sorpresa —dijo la abuela, acordándose de la niñera. Hay que regalarle también a ella un vestido. ¡Eh, Alexei Ivanovitch, Alexei Ivanovitch, dale algo a ese mendigo!
Pasaba un pordiosero, cargado de espaldas, los ojos fijos en nosotros.
—Podría ser un pillastre, abuela.
—¡Dale un florín!
Me acerqué a él y se lo di. El me miró asombrado, pero tomó la moneda sin decir palabra.
—¿Y tú, Alexei Ivanovitch, no has probado todavía la suerte?
—No, abuela.
—Pero cómo brillaban tus ojos. Lo he visto.
—Probaré, abuela, pero más tarde.
—¡Pon también al “cero”! ¡Ya verás! ¿A cuánto se eleva tu capital?
—A veinte federicos.
—Poco es. Te prestaré cincuenta federicos, si quieres. Toma este cartucho… Pero tú, amigo mío, es inútil que esperes que te dé dinero —declaró, dirigiéndose al general.