El Jugador
El Jugador —Querida tĂa —comenzĂł diciendo el general, acercándose—, querida tĂa… vamos… —su voz temblaba y se debilitaba— vamos a alquilar caballos para irnos de excursiĂłn… Una vista admirable… La punta… ¡VenĂamos a invitarla!
—¡Déjame tranquila con tu punta! —gruñó la abuela.
—Allà hay una aldea… Tomaremos allà el té… —continuó el general, ya del todo desesperado.
—“Nous boirons du lait sur l'herbe fraĂ®che” —añadiĂł Des Grieux con malicia feroz. “Du lait sur l'herbe fraĂ®che”, he ahĂ condensado el colmo del idilio para el burguĂ©s de ParĂs; esto resume, como se sabe, su concepciĂłn “de la nature et de la vĂ©rité”.
—¡Gracias por la leche! Regálate tú con ella, pues a mà me hace daño al estómago. Por otra parte, ¿para qué insistir? ¡Os he dicho que no puedo perder el tiempo!
—¡Ya hemos llegado, abuela! —exclamé.
Nos detuvimos ante la casa de cambio. La abuela permaneció a la entrada. Des Grieux, el general y Blanche se mantuvieron apartados, no sabiendo qué hacer. La abuela los miraba con aire rencoroso. Se decidieron a marchar en dirección al casino.