El Jugador
El Jugador Rápidamente oculté los billetes y el oro en la cama, lo tapé todo, y salí de la habitación diez minutos después en busca de Paulina. Estaba seguro de que había ido a encerrarse en su cuarto, y a él pensaba dirigirme, de puntillas y preguntando discretamente a la camarera, en la antesala, noticias de su señorita. ¡Cuál no fue mi sorpresa al oír que la camarera, que encontré en la escalera, me dijo que Paulina no había regresado, y que precisamente ella venía a buscarla a mi habitación!.
—Acaba de salir hace diez minutos —dije—. ¿Dónde puede haber ido?