El Jugador
El Jugador —Está enferma —contestó Mr. Astley, con los ojos siempre fijos en mÃ.
—¿Está, pues, con usted?
—En efecto.
—Entonces, usted… ¿usted tiene intenciones de retenerla en su casa?
—SÃ, ésa es mi intención.
—Mr. Astley…, esto provocará un escándalo. Es imposible. Además, está muy enferma. ¿No lo ha notado usted?
—¡Oh, sÃ, lo he notado, no se lo niego! De no haber estado enferma, no habrÃa pasado la noche en su habitación.
—¿Sabe usted también eso?
—Lo sé. Ayer tenÃa que venir aquà para que yo la llevase a casa de una parienta mÃa, pero sintiéndose enferma, se equivocó y fue a la habitación de usted.
—¡Es posible!… Pues bien, le felicito, Mr. Astley. A propósito, me hace usted recordar algo. ¿No estuvo usted anoche al pie de la ventana de mi cuarto? Miss Paulina insistió, muriéndose de risa, para que yo abriese la ventana y comprobase el hecho.
—¿S� Pues no; siento tener que desengañarle; no estaba bajo la ventana y la esperaba paseando por allà cerca.
—Es preciso cuidarla, Mr. Astley.