El Jugador
El Jugador —Ya he llamado a un médico, y si llegara a morirse, me rendirÃa usted cuentas.
No oculté mi sorpresa.
—¡Por favor, Mr. Astley! ¿Cree usted lo que dice?
—¿Es verdad que usted ganó anoche doscientos mil talers?
—Cien mil florines solamente.
—Entonces márchese usted hoy mismo a ParÃs.
—¿Por qué?
—Todos los rusos que tienen dinero van a ParÃs —explicó Mr. Astley, en tono doctoral.
—¿Qué harÃa en ParÃs en verano? ¡La amo, Mr. Astley! Usted lo sabe.
—¿Es posible? Pues yo estoy seguro de lo contrario. Además, al quedarse aquà usted perderá seguramente todo lo que ha ganado y ya no podrÃa ir a ParÃs. Me despido de usted, persuadido de que se marchará hoy a ParÃs.
—¡Bien; adiós! Pero no iré a ParÃs. Piense usted, Mr. Astley, en lo que va a pasar… ¿Qué será del general… después de este escándalo, cuando corra de boca en boca por la ciudad la aventura de miss Paulina?