Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Inmediatamente le conté a Anna Andréievna todo lo que sabía. Con ella siempre era totalmente franco. Le dije que Natasha y Aliosha parecían estar, efectivamente, a punto de romper y que había entre ellos desavenencias más profundas que en ocasiones anteriores, y también que Natasha me había enviado una nota el día anterior, en la que me rogaba que fuera a verla esa noche a las nueve, por lo que no tenía intención de ir a visitarlos aquel día; había sido Nikolái Sergueich el que me había traído. Le expuse con todo detalle que la situación ya era crítica; que el padre de Aliosha, que había regresado de su viaje hacía un par de semanas, no quería saber nada del asunto y se había puesto serio con su hijo; pero lo más importante era que Aliosha, al parecer, no tenía nada en contra de la novia que le había buscado su padre, y que, según decían, hasta se había enamorado de ella. Agregué que, por lo que podía deducirse, Natasha había escrito su nota en un estado de profunda alteración; en ella decía que esa misma noche iba a decidirse todo, pero que no sabía con qué resultado; también resultaba extraño que me hubiera escrito la víspera pero que me citara a una hora precisa: las nueve. Por eso, debía ir sin falta y lo antes posible.