Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —En efecto, Anna Andréievna; me ha comentado que habÃan pensado, y estaban los dos de acuerdo, en adoptar a una niña pobre, a una huérfana, para educarla. ¿Es verdad eso?
—¡Ni por asomo se me ha pasado tal cosa por la cabeza, bátiushka, ni por asomo! ¡No quiero ninguna huérfana! Me harÃa recordar nuestra amarga suerte, nuestra desdicha. No quiero a nadie más que a Natasha. Ha sido nuestra única hija y seguirá siéndolo. ¿De dónde habrá sacado semejante idea, bátiushka? ¿Tú qué crees, Iván Petróvich? ¿Pretenderá con ello consolarme, viendo mis lágrimas, o tratará de desterrar definitivamente de su memoria a su propia hija, tomándole afecto a otra criaturita? ¿Qué le ha dicho a usted de mà por el camino? ¿Cómo le ha encontrado? ¿Hosco, malhumorado? ¡Chitón, que ahà viene! Ya me lo contarás en otro momento, bátiushka… No te olvides de venir mañana…