Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Recuerdo que alguna vez también se me pasó por la cabeza que el viejo y el perro de alguna manera se habían escapado de una página de Hoffmann, ilustrada por Gavarni, y que andaban por el mundo en calidad de anuncios ambulantes para publicitar la obra[1]. Crucé la calle y entré en la confitería detrás del viejo.