Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Recuerdo que en aquel instante se me pasó una idea por la cabeza: ¿no habría salido, de hecho, con el propósito de realizar ya alguna gestión como la que había imaginado Anna Andréievna? Quién sabe si Dios no le había inspirado tal idea y se había dirigido efectivamente a casa de Natasha, pero había cambiado de parecer por el camino; o tal vez algo le había salido mal y su plan se había frustrado —como seguramente había ocurrido— y había tenido que volver a casa, irritado y abatido, avergonzado por sus recientes deseos y sentimientos, buscando en quién descargar la cólera debida a su propia flaqueza y eligiendo precisamente a aquellos de quienes sospechaba que compartían los mismos deseos y sentimientos. A lo mejor, al plantearse la idea de perdonar a su hija, se había imaginado el entusiasmo y el gozo que experimentaría la pobre Anna Andréievna, y dado su fracaso la había emprendido, naturalmente, con ella en primer lugar.

Pero, al verla abatida y temblando de miedo, se conmovió. Parecía avergonzado de su arranque de cólera, y se contuvo por un instante. Todos guardábamos silencio; yo procuraba no mirarle. Pero aquel momento bueno no duró mucho. Tenía que desahogarse a toda costa, ya fuera con un estallido o con una maldición.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker