Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¿Por qué me mira usted as� —gritó en alemán, con voz bronca y penetrante y aspecto amenazador.
Pero su adversario seguÃa sin decir nada, como si no hubiese comprendido o no hubiese oÃdo siquiera la pregunta. Adam Ivánich se decidió a hablar en ruso.
—Prrecunto usted porr qué tan fijamente me mirarr —gritó con furia redoblada—. ¡Yo soy conocido a la corrte, y usted no conocido! —añadió, saltando de la silla.
Pero el viejo ni se inmutó. Entre los alemanes cundió un murmullo de indignación. El propio Müller, atraÃdo por el ruido, entró en la sala. Enterado del asunto, pensó que el viejo era sordo y se inclinó hacia su oÃdo.
—Señorr Schultz ruega usted encarecidamente no mirarr de esa manera —le dijo a voz en grito, mirando fijamente al enigmático parroquiano.