Humillados y ofendidos

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Pero nuestra conversación se vio interrumpida de un modo completamente inesperado. En la cocina, que hacía también las veces de recibidor, se oyó un ligero murmullo, como si hubiera entrado alguien. Poco después, Mavra abrió la puerta y, muy discretamente, empezó a hacer señas a Aliosha, llamándolo.

Todos nos volvimos hacia ella.

—Aquí hay alguien que pregunta por ti, por lo visto —dijo en un tono un tanto misterioso.

—¿Quién puede preguntar por mí a estas horas? —comentó Aliosha, mirándonos perplejo—. ¡Voy!

En la cocina se encontró con un lacayo de su padre, vestido con librea. Volviendo a casa en carruaje, el príncipe había ordenado hacer una parada al pie de la vivienda de Natasha y había mandado al lacayo a averiguar si Aliosha estaba ahí. El lacayo se limitó a informar de esto y se volvió a marchar.

—¡Qué raro! Nunca había hecho esto —dijo Aliosha, mirándonos desconcertado—. ¿Qué pasará?

Natasha le miraba intranquila. De pronto, Mavra volvió a abrir la puerta.

—¡Viene el príncipe en persona! —susurró a toda prisa y desapareció de inmediato.


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