Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —No se equivoca usted —admitió Natasha. TenÃa el rostro encendido y habÃa un extraño brillo en sus ojos, como si se encontrara en un estado de inspiración. La dialéctica del prÃncipe habÃa empezado a hacer efecto—. Llevaba cinco dÃas sin ver a Aliosha —añadió—. Todo esto se le ha ocurrido a él y lo ha hecho él solo.