Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Ya. Se lo decÃa, porque… en fin, resulta que conozco esa casa. Mejor asÃ… Iré sin falta a verle, ¡sin falta! Tengo muchas cosas que comentarle, espero mucho de usted. Le estaré muy agradecido. Ya ve usted: desde el primer momento, ya estoy pidiendo favores. Bueno, ¡hasta la vista! ¡Aquà tiene mi mano otra vez!
Nos dio la mano a Aliosha y a mÃ, volvió a besar la mano de Natasha y salió, sin invitar a Aliosha a acompañarle.
Nos quedamos los tres completamente atónitos. HabÃa sido todo tan inesperado, tan repentino. Nos dábamos cuenta de que todo habÃa cambiado en un instante, de que empezaba algo nuevo, desconocido. Aliosha, sin hablar, se sentó junto a Natasha y le besó la mano en silencio. De vez en cuando la miraba a la cara, pendiente de lo que pudiera decir.
—Aliosha, cariño, ve mañana mismo a ver a Katerina Fiódorovna —se decidió por fin a hablar.
—Eso mismo pensaba yo —contestó—; iré sin falta.
—¿No le resultará duro verte? ¿Qué puedes hacer en ese caso?
—No sé, querida. También lo habÃa pensado. Ya veremos… Iré a ver qué pasa… y ya tomaré una decisión. Bueno, Natasha, ahora sà que ha cambiado nuestra situación —dijo Aliosha, que no se resistÃa a hacer un comentario.