Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Esperarr! ¡Beba una copa de bueno coñac! —exclamó Müller, al ver que el enigmático visitante se disponía a irse.

Sirvieron el coñac. El viejo cogió maquinalmente la copa, pero las manos le temblaban y, antes de aproximársela a los labios, derramó la mitad y, sin probar una gota, volvió a depositarla en la bandeja. A continuación, sonriendo de forma extraña, con una sonrisa que no venía a cuento, salió de la confitería a paso acelerado e irregular, dejando allí a Azorka. Todos quedaron estupefactos; se oyeron exclamaciones.

—Schwer Not! Was für eine Geschichte[8]! —decían los alemanes, mirándose los unos a los otros.

Corrí tras el viejo. A pocos pasos de la confitería, girando a la derecha, había un estrecho y oscuro callejón bordeado de casas enormes. Algo me decía que el viejo tenía que haberse ido por allí. La segunda casa a la derecha estaba en construcción y se hallaba toda rodeada de andamios. La valla que cercaba la casa daba prácticamente al centro del callejón; junto a la valla habían colocado unos tablones de madera para facilitar el tránsito a los peatones. En el oscuro rincón que formaban la valla y el edificio encontré al viejo. Estaba sentado en el borde de la acera de madera y, con los codos apoyados en las rodillas, se sostenía la cabeza con las manos. Me senté a su lado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker