Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Escuche —dije, casi sin saber por dónde empezar—, no se aflija por Azorka. Venga, le llevaré a su casa. Tranquilícese. Voy a buscar un coche ahora mismo. ¿Dónde vive usted?

El viejo no contestaba. Yo no sabía qué decisión tomar. No pasaba nadie. De repente me agarró la mano.

—¡Me ahogo! —dijo con voz ronca, apenas perceptible—. ¡Me ahogo!

—¡Vamos a su casa! —exclamé levantándome y tratando de levantarle a él con gran esfuerzo—. Va a tomarse un té y a acostarse… En seguida traigo un coche. Llamaré a un médico… Conozco uno…

No recuerdo qué más le dije. Trató de ponerse en pie, pero, apenas se levantó un poco, volvió a caer al suelo y a farfullar algo con aquella voz ronca y apagada. Me incliné más hacia él y agucé el oído.

—En la isla Vasílievski[9] —musitó el viejo—, en la Sexta Línea… en la Sex-ta Lí-ne-a…

Y se calló.

—¿Vive usted en Vasílievski? Pero si no se dirigía hacia allá; eso queda a la izquierda, no a la derecha. En seguida le llevo a su casa…

El viejo no se movía. Le cogí de la mano; la mano cayó como sin vida. Eché un vistazo a su rostro, lo toqué; ya estaba muerto. Me parecía como si todo aquello no fuera más que un sueño.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker