Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¿Y cómo se llama ese prÃncipe? —le interrumpÃ, con un presentimiento.
—¿Por qué lo preguntas? Se llama Válkovski.
—¿Piotr?
—El mismo. ¿Le conoces?
—SÃ, le conozco, aunque no muy bien. Bien, Maslobóiev —dije levantándome—, tendré que ir a verte en otras ocasiones a preguntarte por ese caballero; me ha resultado todo de un enorme interés.
—Ya sabes, viejo amigo, que puedes venir a verme siempre que quieras. Te puedo contar bonitas historias, aunque dentro de ciertos lÃmites, ¿entiendes? Si no, uno pierde el crédito y el honor, me refiero al profesional, y todo lo demás.
—Muy bien, iré todo lo que el honor permita. —Yo estaba emocionado. Él se dio cuenta—. Bueno, ¿qué me puedes decir de la historia que te acabo de contar? ¿Has pensado algo al respecto?
—¿De tu historia? Espérame un par de minutos; voy a pagar.