Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos QuerÃa añadir algo más, pero se lo guardaba. Yo la miraba expectante. Se la notaba triste. Yo estaba deseando interrogarla, pero en ciertas ocasiones no le gustaba nada que le hicieran preguntas.
—Es un joven extraño —dijo al fin, torciendo levemente el gesto, evitando mirarme.
—¡Vaya! Entonces, ¿os ha pasado algo?
—No, nada; sólo que… El caso es que ha estado muy cariñoso… Pero…
—Por fin han terminado todas sus angustias y sus sinsabores —dije.
Natasha me dirigió una mirada intensa, inquisitiva. Probablemente habrÃa querido replicarme: «Tampoco lo ha pasado tan mal hasta ahora», pero debió de pensar que el sentido de mis palabras era precisamente ése, y se enfadó.