Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, Vania, mira —siguió diciendo, poniéndome una mano en el hombro, mientras con la otra me estrechaba una mano, y sus ojos buscaban mis ojos—, es que le he visto poco preocupado, estaba hecho todo un marido… ya sabes, como esos hombres que llevan ya diez años casados, pero todavía se muestran cariñosos con su mujer. ¿No es demasiado pronto para actuar así? Se reía, revoloteaba, y era como si a mí no me afectara nada de eso, como si apenas tuviera que ver conmigo; no era el mismo de antes… Tenía prisa por ir a ver a Katerina Fiódorovna… Cuando le hablaba, él no me escuchaba, o cambiaba de tema; ya conoces esa costumbre suya, típicamente aristocrática, que hemos procurado quitarle entre los dos… En resumen, me ha parecido… hasta indiferente… Pero ¡quién me mandará hablar! ¡Empiezo y ya no paro! ¡Ay, qué exigentes somos, Vania! ¡Qué caprichosos déspotas! ¡Ahora me doy cuenta! ¡Somos incapaces de perdonarle a un hombre un cambio insignificante en su cara, sin saber a qué obedece tal cambio! ¡Has hecho bien en reprochármelo, Vania! ¡Toda la culpa es mía! Nosotros mismos somos los causantes de nuestra pena, y encima nos quejamos… Gracias, Vania, por consolarme. ¡Ay, ojalá vuelva luego! Aunque quién sabe. Igual está enfadado por lo de antes.

—Pero ¡si decías que no habíais discutido! —exclamé perplejo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker