Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Y no hemos discutido! Aunque es verdad que yo estaba algo tristona, y él, que habÃa llegado muy contento, se puso más serio, y me ha parecido que se despedÃa con cierta sequedad. SÃ, le avisaré para que venga… Ven tú también más tarde, Vania.
—Vendré sin falta, a menos que me entretenga cierto asunto.
—¿Qué asunto es ése?
—¡Pues que me he metido en un buen lÃo! Pero seguro que nos vemos luego.