Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Pero ¿qué está pasando aqu� —grité.
—Pues lo que está pasando es que ya no sé qué hacer con ella —dijo Mavra, con grandes aspavientos—. Ayer estuvo a punto dos veces de mandarme a su casa, pero las dos veces se arrepintió en el último momento. Y hoy ya no quiere ni hablar conmigo. Si tú pudieras ir a hablar con él… Yo no me atrevo a moverme de aquÃ.
Eché a correr escaleras abajo.
—¿Vendrás esta tarde? —me preguntó Mavra a gritos, según me alejaba.
—Ya veremos —contesté sobre la marcha—. A lo mejor subo sólo un momento a preguntarte cómo va todo. Si es que sigo vivo.
Realmente me sentÃa como si algo me hubiera acertado de lleno en el corazón.