Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —No. Si usted le desea lo mejor a Natasha, ¿cómo ha decidido estorbar su matrimonio, o sea, precisamente aquello que puede devolverle el buen nombre? Tiene una larga vida por delante; es muy importante para ella tener un buen nombre.
—Escupir sobre las opiniones de la gente: ¡eso es lo que tendrÃa que hacer! DeberÃa darse cuenta de que la mayor vergüenza para ella reside en ese matrimonio, en relacionarse con esa gente tan despreciable, con ese mundo tan mezquino. Un noble orgullo; ésa deberÃa ser su respuesta a la sociedad. Tal vez entonces yo estarÃa dispuesto a ofrecerle mi mano, ¡y entonces verÃamos quién se atrevÃa a difamar a mi niña!
Aquel desesperado idealismo me dejó perplejo. Pero no tardé en darme cuenta de que estaba fuera de sà y hablaba como un exaltado.