Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ay, Señor, sólo faltaba que no viniera! ¿Cómo me lo pregunta usted? —exclamó el príncipe sorprendido, escrutándola con la mirada—. Aunque puedo entenderlo: usted está enfadada con él. Efectivamente, está mal por su parte llegar el último. Pero le repito que la culpa es mía. No se enfade con él. Es frívolo y atolondrado; no le estoy defendiendo, pero algunas circunstancias particulares exigen no sólo que no abandone ahora la casa de la condesa y el trato con algunos amigos, sino que, por el contrario, vaya allí con la mayor frecuencia posible. Y, como me imagino que últimamente se pasará el día entero en esta casa, alejado de todo el mundo, le suplico que no se enfade si le retengo de cuando en cuando, un par de horas a lo sumo, para mis encargos. Estoy seguro de que aún no ha vuelto ni una vez a casa de la princesa K. desde aquella noche, y me fastidia no haber tenido tiempo antes para preguntárselo…

Miré a Natasha, que estaba escuchando al príncipe con una sonrisa medio burlona. Hablaba con tanta franqueza, con tanta naturalidad, que no parecía que hubiera motivos para sospechar de él.

—¿De veras ignora usted que no ha aparecido por esta casa ni una sola vez en todos estos días? —preguntó Natasha con voz tranquila y serena, como si hablara de la cosa más natural del mundo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker