Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Pues vais a ver lo que me ha ocurrido —siguió diciendo Aliosha—. ¡Oh, amigos mÃos! ¡Lo que he visto, lo que he hecho, la gente que he conocido! En primer lugar, Katia: ¡es la perfección! Hasta ahora no la conocÃa en absoluto. Cuando el martes te hablaba de ella, ¿recuerdas, Natasha?, ya hablaba entusiasmado; entonces, sin embargo, apenas la conocÃa. Ha estado oculta a mis ojos hasta hace nada. Pero ahora nos conocemos perfectamente. Ya nos tratamos de tú. Pero empezaré por el principio: en primer lugar, Natasha, si hubieras podido oÃr, simplemente, lo que me dijo de ti cuando al dÃa siguiente, el miércoles, le conté lo que habÃa ocurrido aquà entre nosotros… A propósito, me acuerdo de lo estúpido que estuve contigo cuando vine a verte el miércoles por la mañana. Me recibiste entusiasmada, estabas asimilando nuestra nueva situación, querÃas hablar conmigo de todo eso; estabas triste, pero al mismo tiempo bromeabas y jugueteabas conmigo, y yo tratando de mostrarme serio. ¡Ah, qué estúpido! ¡Qué estúpido! Ciertamente, tenÃa ganas de presumir, de alardear de que pronto iba a convertirme en un hombre casado, en una persona seria. Y ¿ante quién fui a jactarme? ¡Ante ti! ¡Ah, cómo debiste de reÃrte entonces de mà y qué merecido me lo tenÃa!