Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Y supongo que los administradores de ese millón serán Lióvenka, Bórenka y toda su camarilla, ¿no? —preguntó el príncipe.
—Mentira, mentira. ¡Es una vergüenza que digas esas cosas, padre! —exclamó con vehemencia Aliosha—. ¡Ya me figuro qué es lo que te pasa por la cabeza! Lo cierto es que estuvimos hablando largo y tendido de ese millón, para decidir cómo se iba a emplear. Al final resolvimos que había que destinarlo, ante todo, a la instrucción pública…
—Efectivamente, veo que hasta ahora no había conocido del todo a Katerina Fiódorovna —observó el príncipe, como hablando para sí, siempre con la misma sonrisa maliciosa—. Es más, esperaba muchas cosas de ella, pero ese…