Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Ese qué? —le interrumpió Aliosha—. ¿Qué es lo que te extraña tanto? ¿Que todo eso se aparte un poco de vuestro orden? ¿Que nadie haya donado un millón hasta ahora y ella sí vaya a hacerlo? ¿Es eso, no? ¿Y qué pasa si ella no quiere vivir a expensas de otros? Porque vivir de esos millones significa vivir a costa ajena (yo acabo de descubrirlo). Ella quiere ser útil a la patria y a todos, aportando su óbolo al bien común. De ese óbolo nos hablan las Sagradas Escrituras, pero si ese óbolo asciende a un millón, ¿entonces ya no vale? ¿En qué se basa toda esa dichosa cordura en la que yo tanto creía? ¿Por qué me miras así, padre? ¡Cualquiera diría que tienes delante a un bufón, a un necio! ¿Y qué si soy un necio? Tendrías que haber escuchado, Natasha, lo que decía Katia al respecto: «Lo más importante no es la inteligencia, sino aquello que la guía: la naturaleza, el corazón, las nobles cualidades, el progreso». Y, sobre todo, una cosa genial que le oí decir a Bezmyguin en ese sentido. Este Bezmyguin es un amigo de Lióvenka y Bórenka y, por cierto, es un cerebro, ¡un auténtico cerebro! Ayer, sin ir más lejos, dijo en mitad de una conversación: «¡El necio que reconoce que es un necio ya no es un necio!». ¡Qué gran verdad! Pronuncia sentencias de ese tipo a cada momento. Va sembrando verdades.

—¡Ciertamente genial! —observó el príncipe.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker