Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Siempre te estás burlando. Pero el caso es que a ti jamás te he escuchado nada semejante, ni tampoco a nadie de tu cÃrculo. Entre vosotros, por el contrario, todo se oculta, todo se rebaja, para que todas las estaturas, todas las narices se ajusten indefectiblemente a unas determinadas medidas, a unas determinadas reglas… ¡Como si eso fuera posible! Como si eso no fuera mil veces más imposible que lo que nosotros decimos y pensamos. ¡Y encima nos llaman utópicos! Si hubieras oÃdo lo que me decÃan ayer…
—Pero ¿de qué habláis y en qué cosas pensáis? Cuéntalo, Aliosha, que hasta ahora no he acabado de entenderlo —dijo Natasha.