Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Escritor, poeta! Qué cosa más extraña… ¿Cuándo se ha visto que los poetas se hayan abierto camino o alcanzado honores? ¡Esos escritorzuelos no son dignos de confianza!
Me di cuenta de que esas dudas y esas espinosas preguntas se le ocurrÃan con mayor frecuencia al anochecer (¡tan grabados tengo todos aquellos detalles y toda aquella edad dorada!). A esa hora nuestro anciano se mostraba siempre especialmente nervioso, impresionable y desconfiado. Natasha y yo lo sabÃamos y nos reÃamos de antemano. Recuerdo que yo le reconfortaba contándole anécdotas del general Sumarókov[15], de cuando a Derzhavin le regalaron una tabaquera llena de chervontsy[16], de la visita que la emperatriz en persona hizo a Lomonósov[17]; le hablaba de Pushkin[18], de Gógol[19].