Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —SÃ, en ese nuevo amor cifraba usted todas sus esperanzas —repitió Natasha, sin escuchar ni prestar atención a las palabras del prÃncipe, dominada por un ardor febril, cada vez más exaltada—. ¡Y cuántas oportunidades habÃa de que floreciera ese nuevo amor! ¡Si habÃa comenzado antes incluso de que su hijo conociera todas las virtudes de aquella muchacha! Aquella misma noche, en el preciso instante en que él le confesó a la joven que no podÃa amarla porque el deber, y la existencia de otro amor, se lo impedÃan, ella mostró tanta nobleza, tanta comprensión con él y con su rival, tanta generosidad que sólo en ese momento, aunque anteriormente ya se habÃa fijado en su belleza, reparó Aliosha en lo encantadora que era. Justo a continuación vino aquà a verme, y estuvo todo el tiempo hablándome de ella: hasta tal punto le habÃa impresionado. SÃ, y al dÃa siguiente tuvo que sentir la imperiosa necesidad de volver a ver a aquella maravillosa criatura, aunque sólo fuera por gratitud. Bien mirado, ¿por qué no iba a ir a verla? Si, total, la otra, la primera, ya no tenÃa motivos para sufrir, su destino ya estaba resuelto, dado que iba a consagrarle toda su vida a ella. En cambio, a ésta apenas iba a dedicarle un minuto de su tiempo… ¡Qué ingrata habrÃa sido Natasha si se hubiera puesto celosa por un minuto de nada! Y asÃ, imperceptiblemente, el minuto que le robaba a Natasha se fue convirtiendo en un dÃa, en dos dÃas, en tres. Y, entre tanto, la otra joven le mostraba un rostro totalmente nuevo e inesperado; es una chiquilla muy noble, es entusiasta y, al mismo tiempo, ingenua: en ese sentido, son los dos tan parecidos… Se prometen mutua amistad y fraternidad, deciden no separarse en toda la vida. Al cabo de cinco o seis horas de conversación el alma de Aliosha se abre a nuevas sensaciones y su corazón se rinde por completo… Asà que usted debió pensar: «Tarde o temprano llegará un momento en que se ponga a comparar su viejo amor con esas nuevas sensaciones: con ese viejo amor todo suena ya a conocido, todo resulta rutinario y serio; todo son exigencias, todo son celos, reprimendas, lágrimas… Incluso, aunque les dé por juguetear y hacer diabluras, a él no le tratan como a un igual, sino como a un niño… Pero, sobre todo, resulta todo tan cansino, tan trillado»… —A pesar de las lágrimas y del amargo espasmo que la ahogaba, Natasha pudo dominarse y siguió hablando—: ¿Y después qué? Después el tiempo se encargará de todo; para la boda con Natasha no se ha fijado ninguna fecha próxima; hay mucho tiempo por delante y todo puede cambiar… Y aquà es donde entran en escena sus palabras, sus insinuaciones, sus comentarios, su elocuencia… Puede uno calumniar a esa fastidiosa Natasha; puede uno mostrarla a una luz desfavorable y… ya se verá cómo, pero ¡la victoria es suya! ¡Aliosha! ¡No me culpes, cariño! No digas que no comprendo tu amor y que lo tengo en poco. Sé que todavÃa me quieres y que es muy posible que no entiendas mis quejas en estos momentos. Sé que he hecho muy mal diciendo todo esto. Pero ¡qué puedo hacer yo si, dándome cuenta de todo esto, te quiero cada vez más… para siempre… con locura!