Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Natasha, amor mío, ángel mío, no te enfades conmigo, no quiero que riñamos jamás. Prométeme que vas a confiar siempre en mí, y yo haré lo mismo contigo. Escucha, ángel mío, voy a contarte una cosa: una vez habíamos discutido, no recuerdo por qué; yo tenía la culpa. No nos hablábamos. Yo no quería ser el primero en pedir perdón, pero estaba muy triste. Deambulaba por toda la ciudad, yendo de acá para allá, iba a ver a los amigos, pero sentía una terrible angustia en mi corazón… Y entonces se me ocurrió pensar en lo que podía pasar si, por ejemplo, te ponías enferma y morías. Al imaginarlo, me sentí desesperado, como si de verdad te hubiera perdido para siempre. Mis pensamientos eran cada vez más negros, más espantosos. Y así, poco a poco, llegué a imaginarme que me acercaba hasta tu tumba, que caía desmayado sobre ella, que la abrazaba, muerto de pena. Me veía a mí mismo besando esa tumba, llamándote para que salieses de ella, aunque sólo fuera por un momento, y rogándole a Dios que hiciese el milagro de resucitarte, por un instante al menos, para mí; me arrojaba en tus brazos, te estrechaba con fuerza, te besaba, y sentía que habría muerto de dicha si hubiese podido volver a abrazarte, aunque sólo fuera un instante. Y entonces caí en la cuenta de que habría tenido que implorar a Dios que me concediera unos segundos contigo, mientras que en los seis meses que llevábamos juntos habíamos discutido no sé cuántas veces, ¡y habíamos estado muchos días sin hablarnos! Días enteros enfadados, sin hacer caso de nuestra dicha, y allí estaba yo, llamándote para que abandonaras un minuto la tumba, ¡dispuesto a pagar ese minuto con la vida! Al pensar en todo eso, no pude contenerme y corrí de inmediato a buscarte; vine hasta aquí, y tú ya estabas esperándome; nos reconciliamos con un abrazo, y recuerdo que te estreché con tanta fuerza como si temiera perderte. ¡Natasha! ¡No quiero que discutamos nunca! ¡Se me hace siempre tan duro! ¡Por Dios, cómo puedes pensar siquiera que soy capaz de dejarte!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker