Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Natasha, amor mÃo, ángel mÃo, no te enfades conmigo, no quiero que riñamos jamás. Prométeme que vas a confiar siempre en mÃ, y yo haré lo mismo contigo. Escucha, ángel mÃo, voy a contarte una cosa: una vez habÃamos discutido, no recuerdo por qué; yo tenÃa la culpa. No nos hablábamos. Yo no querÃa ser el primero en pedir perdón, pero estaba muy triste. Deambulaba por toda la ciudad, yendo de acá para allá, iba a ver a los amigos, pero sentÃa una terrible angustia en mi corazón… Y entonces se me ocurrió pensar en lo que podÃa pasar si, por ejemplo, te ponÃas enferma y morÃas. Al imaginarlo, me sentà desesperado, como si de verdad te hubiera perdido para siempre. Mis pensamientos eran cada vez más negros, más espantosos. Y asÃ, poco a poco, llegué a imaginarme que me acercaba hasta tu tumba, que caÃa desmayado sobre ella, que la abrazaba, muerto de pena. Me veÃa a mà mismo besando esa tumba, llamándote para que salieses de ella, aunque sólo fuera por un momento, y rogándole a Dios que hiciese el milagro de resucitarte, por un instante al menos, para mÃ; me arrojaba en tus brazos, te estrechaba con fuerza, te besaba, y sentÃa que habrÃa muerto de dicha si hubiese podido volver a abrazarte, aunque sólo fuera un instante. Y entonces caà en la cuenta de que habrÃa tenido que implorar a Dios que me concediera unos segundos contigo, mientras que en los seis meses que llevábamos juntos habÃamos discutido no sé cuántas veces, ¡y habÃamos estado muchos dÃas sin hablarnos! DÃas enteros enfadados, sin hacer caso de nuestra dicha, y allà estaba yo, llamándote para que abandonaras un minuto la tumba, ¡dispuesto a pagar ese minuto con la vida! Al pensar en todo eso, no pude contenerme y corrà de inmediato a buscarte; vine hasta aquÃ, y tú ya estabas esperándome; nos reconciliamos con un abrazo, y recuerdo que te estreché con tanta fuerza como si temiera perderte. ¡Natasha! ¡No quiero que discutamos nunca! ¡Se me hace siempre tan duro! ¡Por Dios, cómo puedes pensar siquiera que soy capaz de dejarte!