Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Natasha lloraba. Se abrazaron con fuerza y Aliosha volvió a jurarle que jamás la abandonarÃa. A continuación, corrió a ver a su padre. Estaba firmemente convencido de que podÃa arreglarlo todo, solucionarlo todo.
—¡Todo ha terminado! ¡Todo está perdido! —dijo Natasha, apretándome la mano convulsivamente—. Me quiere, y nunca dejará de quererme; pero también quiere a Katia, y pronto la querrá más que a mÃ. Y entonces el prÃncipe, que, como una vÃbora, siempre está al acecho…
—¡Natasha! Yo tampoco creo que el prÃncipe actúe con honradez, pero…