Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entre tanto, habíamos salido del portal y nos encontrábamos ya en la acera.

—Entonces, ¿vendrás? —volvió a insistir.

—Ya te he dicho que sí.

—No, dame tu palabra de honor.

—¡Hay que ver cómo eres! Muy bien, te doy mi palabra de honor.

—Estupendo, te lo agradezco. ¿Hacia dónde vas?

—Hacia allá —respondí, señalando hacia la derecha.

—Pues yo hacía allá —dijo, indicando hacia la izquierda—. ¡Adiós, Vania! A las siete, no lo olvides.

«¡Qué extraño!», pensé, mientras le veía alejarse.

Por la noche quería visitar a Natasha, pero, como le había dado mi palabra a Maslobóiev, decidí ir a su casa en ese momento. Estaba convencido de que encontraría allí a Aliosha. Efectivamente, allí estaba él y se alegró muchísimo al verme entrar.

Estaba muy simpático, extraordinariamente cariñoso con Natasha, y mi llegada incluso le produjo gran alborozo. Natasha trataba de mostrarse alegre, pero resultaba evidente que era la suya una alegría forzada. Tenía una cara lastimosa y pálida; había dormido mal aquella noche. Con Aliosha estaba especialmente dulce.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker