Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Está bien, vete —respondió Natasha, sonriendo—. Sólo una cosa más, amor mío: me encantaría conocer en persona a Katia. ¿Cómo podríamos arreglar eso?

El éxtasis de Aliosha no tenía límites. En seguida se puso a cavilar cómo podrían conocerse. Según él, era muy fácil: Katia ya pensaría cómo. Aliosha seguía dándole vueltas a la idea con entusiasmo, con pasión. Prometió traer la respuesta ese mismo día, al cabo de dos horas, y pasar la velada con Natasha.

—¿Seguro que vas a venir? —preguntó Natasha, al despedirle.

—¿Acaso lo dudas? ¡Adiós, Natasha, adiós, amada mía… mi eterno amor! ¡Adiós, Vania! Ay, Dios mío, sin querer le he llamado a usted Vania. Oiga, Iván Petróvich, le tengo a usted mucho aprecio: ¿por qué no nos tratamos de tú? Vamos a tutearnos.

—De acuerdo, tuteémonos.

—¡Gracias a Dios! Se me ha pasado cientos de veces la cabeza, pero nunca me he atrevido a proponérselo. Fíjese, ya vuelvo a tratarle de usted. Cuesta mucho acostumbrarse al tuteo. Creo que Tolstói, en alguna parte[48], lo expresa muy bien: dos personas acuerdan tutearse, pero son incapaces de hacerlo, así que evitan continuamente las frases en que haya pronombres. ¡Ay, Natasha! Tenemos que volver a leer alguna vez Infancia y adolescencia, es una obra tan hermosa…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker