Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Lo del inglés lo he dicho por decir, por poner un ejemplo; tú todo te lo tomas al pie de la letra. Esto ocurrió en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, o quizá en Cracovia, aunque lo más probable es que fuera en el principado de Nassau, ese nombre que aparece escrito en las botellas de agua de Seltz; eso, en Nassau; ¿satisfecho? Bueno, pues el prÃncipe engatusó a la muchacha, se la quitó al padre y, a instancias del prÃncipe, la muchacha se llevó consigo ciertos documentos. ¡Y es que existe esa clase de amor, Vania! ¡Ay, Dios mÃo, pero si era una muchacha decente, noble, distinguida! A decir verdad, es posible que no entendiera gran cosa de papeles. Sólo le preocupaba una cosa: que su padre pudiera maldecirla. Para salir del apuro, el prÃncipe se comprometió legal y formalmente a casarse con ella. De este modo logró convencerla de que sólo estarÃan fuera una temporada, pasándoselo bien, y, cuando la cólera del viejo se apaciguara, regresarÃan ya casados para vivir los tres juntos toda la vida y amasar una fortuna, y asà hasta el infinito. La hija se fugó, su padre la maldijo y para colmo se declaró en quiebra. Entonces Frauenmilch, que estaba perdidamente enamorado de la joven, lo dejó todo, incluido su negocio, y se marchó a ParÃs detrás de ella.
—¡Alto, alto! ¿Quién es ese Frauenmilch?