Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Querrá decir, Pfefferkuchen.
—SÃ, claro, ¡diantres! Pero ella…
—¡Un momento! ¿Cuántos años estuvieron viajando?
—Doscientos exactamente. Bueno, entonces ella volvió a Cracovia. Su padre se negó a acogerla en su casa y la maldijo. La mujer murió y el prÃncipe se santiguó, loco de alegrÃa. Y colorÃn colorado, este cuento se ha acabado… ¡Bebamos, hermano, Vania!
—Tengo la sospecha de que te estás ocupando de este caso, Maslobóiev.
—¿De verdad te interesa?
—Lo que no comprendo es cuál es tu papel en este asunto.