Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Pues mira, cuando ella regresó a Madrid tras diez años de ausencia, con una identidad falsa, hubo que investigar todo lo concerniente a Brüderschaft, al viejo, al crÃo; hubo que averiguar si ella, efectivamente, habÃa regresado, si habÃa muerto, si existÃan los documentos, y asà hasta el infinito. E incluso algunos otros detalles. Es un hombre totalmente detestable, ten mucho cuidado con él, Vania. Pero, en lo tocante a Maslobóiev, ten siempre esto presente: ¡nunca se te ocurra llamarle canalla, por nada del mundo! Aunque sea un canalla (a mi juicio no hay nadie que no sea un canalla), nunca irá contra ti. Estoy como una cuba, pero escucha: si alguna vez, de cerca o de lejos, ahora mismo o el año que viene, tienes la impresión de que Maslobóiev está recurriendo a la astucia contigo (y por favor, no olvides esta palabra, astucia), has de saber que lo hace sin mala intención. Maslobóiev vela por ti. Asà que no te fÃes de tus sospechas; mejor ven aquà y habla sinceramente, como un hermano, con Maslobóiev. Bueno, y ahora ¿quieres beber?
—No.
—¿Un aperitivo?
—No, hermano, disculpa…
—Está bien, puedes irte, son las nueve menos cuarto, y tú no das tu brazo a torcer. Ya es hora de que te largues.