Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Venga conmigo, se lo ruego! ¡No me hará usted ese feo! ¡Si llevo una hora y media esperándole! Además, necesito, necesito sin falta hablar con usted, ya sabe de qué. Usted conoce todo este asunto mejor que yo… Es posible que decidamos algo, que lleguemos a alguna conclusión. ¡Tenga eso presente! No se niegue, por el amor de Dios.
Comprendà que, tarde o temprano, tendrÃa que ir. Aun en el caso de que Natasha estuviera sola en ese momento y me necesitara, no podÃa olvidar, a fin de cuentas, que ella misma me habÃa encomendado que conociera a Katia cuanto antes. Además, posiblemente Aliosha también estarÃa allÃ… SabÃa que Natasha no se quedarÃa tranquila hasta que le llevara noticias de Katia, de modo que decidà ir. Pero estaba preocupado por Nellie.
—Espere un momento —le dije al prÃncipe y salà a la escalera. Allà estaba Nellie, en un oscuro rincón.
—¿Por qué no quieres entrar, Nellie? ¿Qué te ha hecho ese hombre? ¿De qué habéis hablado?
—No pasa nada… No quiero, no quiero… —insistÃa—. Me da miedo…
Por más que insistÃ, no sirvió de nada. Quedamos en que, tan pronto como yo saliera con el prÃncipe, ella entrarÃa y cerrarÃa con llave.
—Y no dejes pasar a nadie, Nellie, por mucho que te rueguen.