Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Como si no hubiera asuntos que tratar —respondió muy seria—. Aunque sólo fuera para saber si es cierto lo que Aliosha cuenta de Natalia Nikoláievna, diciendo que no se ofende cuando la deja sola en momentos como éste. ¿Cómo se puede actuar asÃ? Bueno, Aliosha, haz el favor de explicarme qué haces aquà todavÃa.
—Ay, Dios mÃo, ahora mismo me voy. He dicho que sólo iba a quedarme un ratito, viendo cómo charlabais, y que luego me irÃa.
—Pues ya lo ves, aquà estamos los dos juntos, sentados. Siempre hace lo mismo —añadió, ruborizándose levemente, mientras me lo señalaba con el dedo—. Dice: «Un minuto, un minuto», y cuando te quieres dar cuenta ya es medianoche y se ha hecho tarde. «Si ella no se enfada, si es muy buena», dice. ¡Asà es como razona! Pero ¿eso está bien? ¿Es un comportamiento noble?
—Bueno, me voy —repuso Aliosha, lastimero—; aunque me encantarÃa quedarme…
—¿Y a ti qué se te ha perdido aqu� Nosotros, en cambio, tenemos que hablar a solas de muchas cosas. Pero no te enfades; es imprescindible, tienes que entenderlo.