Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pues sí; ¿qué tiene eso de particular? Iván Petróvich lo sabe. Me exige constantemente que esté con ella. Bueno; no lo exige, pero es evidente que lo desea.

—Pero ¿no te da vergüenza decir eso, no te da vergüenza? —exclamó Katia, roja de indignación.

—¿Vergüenza de qué? ¡Hay que ver cómo eres, Katia! La quiero más de lo que ella cree y, si ella me quisiera de verdad, como yo a ella, seguramente se sacrificaría gustosa por mí. Cierto que ella misma es la que me da permiso para irme, pero noto en su semblante que se le hace muy duro, así que para mí es como si no me dejara marchar.

—¡No, eso no ha podido salir de él! —gritó Katia, dirigiéndose a mí con los ojos centelleantes de ira—. Confiésalo, Aliosha, confiesa ahora mismo que todo eso te lo ha inculcado tu padre. ¿Ha sido cosa suya? Y, por favor, no pretendas engañarme: ¡me doy cuenta en seguida! ¿Sí o no?

—Sí, me lo ha dicho él —respondió Aliosha, turbado—. ¿Y qué? Hoy ha estado hablando conmigo en un tono afable y cordial, y no dejaba de elogiarla, cosa que me dejó maravillado: después de que ella le ha ofendido, él todavía la elogia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker