Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Y usted le ha creÃdo, precisamente usted —dije yo—; usted, a quien ella ha entregado todo lo que podÃa entregar. Pero si hoy mismo, hace apenas un rato, toda su preocupación consistÃa en que usted no se aburriese y en no privarle, bajo ningún concepto, de ver a Katerina Fiódorovna. Ella misma me lo ha dicho. ¡Y vea lo que ha tardado usted en dar crédito a esas falacias! ¿No le da vergüenza?
—¡Es un ingrato! ¡Nunca se avergüenza de nada! —dijo Katia, dando a entender con un gesto que era un caso completamente perdido.