Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Pero ¿qué estáis diciendo? —replicó Aliosha con voz lastimera—. ¡Siempre igual, Katia! Siempre estás sospechando de mÃ… ¡Y de Iván Petróvich mejor no hablar! Usted está convencido de que no amo a Natasha. Yo no he dicho que sea una egoÃsta. Lo que he querido decir es que ella me quiere con locura, que su amor rebasa cualquier lÃmite, y por eso lo pasamos tan mal los dos. Y a mà mi padre jamás me engañarÃa, aun suponiendo que se lo propusiera; yo no me iba a dejar. Él no ha dicho en ningún momento que ella sea una egoÃsta, en un mal sentido; yo he entendido muy bien qué ha querido decir. Lo que ha dicho, literalmente, punto por punto, es lo que yo acabo de repetir: que ese amor que ella siente por mà es tan excesivo, tan extremo, que acaba rayando en el puro egoÃsmo, y que por eso sufrimos tanto, lo mismo ella que yo, y que de aquà en adelante a mà me va a tocar pasarlo aún peor. No ha dicho más que la pura verdad, de todo corazón, lo cual no significa en absoluto que haya ofendido a Natasha; al contrario: ha visto la inmensa fuerza de su amor, un amor sin lÃmites, increÃble…