Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Yo también lo pienso. En eso estamos de acuerdo y, por lo tanto, nos resultará más fácil tomar una decisión. Y ahora, Natalia Nikoláievna… Como puede imaginarse, Iván Petróvich, me hallo en estos momentos como en tinieblas y le esperaba a usted como a la luz del dÃa. Tiene que explicármelo todo, porque en la cuestión más importante sólo puedo juzgar por conjeturas basadas en lo que cuenta Aliosha. No habÃa nadie más que me pudiera informar. DÃgame, en primer lugar (esto es lo esencial), si a su juicio Aliosha y Natasha van a ser felices juntos o no. Eso es lo primero que necesito conocer para tomar una decisión definitiva y para saber cómo actuar.
—Y eso ¿cómo se puede saber con certeza?
—No, claro, con certeza no —me interrumpió—, pero ¿a usted qué le parece? Porque usted es un hombre muy inteligente.
—Yo creo que no pueden ser felices.
—¿Por qué?
—Porque no hacen buena pareja.
—¡Eso mismo pensaba yo! —Y cruzó los brazos como si estuviera muy apenada—. Cuénteme con más detalle. Mire: ardo en deseos de conocer a Natasha, porque tengo muchas cosas que tratar con ella, y me parece que entre las dos podemos resolverlo todo. No hago más que imaginármela: debe de ser muy inteligente, seria, sincera y hermosa, ¿no es as�