Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —El propio Aliosha, naturalmente, y me la contó con lágrimas en los ojos; eso estuvo muy bien por su parte y me gustó mucho. Me parece que él le aprecia a usted más que usted a él, Iván Petróvich. Esa clase de detalles es lo que más me atrae de él. Bueno, y en segundo lugar, si le hablo con absoluta franqueza, como si me estuviera hablando a mà misma, es porque es usted un hombre muy inteligente y puede darme muchos consejos y ayudarme a comprender muchas cosas.
—¿Y cómo sabe que soy tan inteligente y que puedo ayudarla a comprender algo?
—¡Vaya una pregunta! —Y se quedó pensativa—. Era sólo un comentario; hablemos de lo fundamental. Aconséjeme, Iván Petróvich: me doy cuenta de que en estos momentos soy la rival de Natasha y, sabiéndolo como lo sé, ¿cómo cree que deberÃa proceder? Por eso le he preguntado si serán felices. Pienso en esa cuestión noche y dÃa. La situación de Natasha es terrible, ¡terrible! Pues él ya ha dejado de amarla, y a mà me quiere cada vez más. ¿No es asÃ?
—Eso parece.
—Y no es que Aliosha la esté engañando. Él mismo ignora que ha dejado de quererla, pero sin duda ella sà que lo sabe. ¡Cuánto debe de sufrir!
—¿Y qué quiere hacer usted, Katerina Fiódorovna?