Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Tengo muchos proyectos —respondió seriamente—, pero entretanto estoy hecha un lÃo. Por eso le esperaba con tanta impaciencia, para que me lo resolviera todo. Usted conoce todo eso bastante mejor que yo. Para mÃ, en estos momentos, es usted una especie de dios. Mire, yo al principio pensaba: «Si se aman, tienen que ser felices, y mi deber consiste en sacrificarme y ayudarles». ¡Y eso fue lo que hice!
—Ya sé que usted se ha sacrificado.
—SÃ, me he sacrificado, pero después, cuando empezó a venir a verme y a cogerme cada vez más cariño, empecé a preguntarme si debÃa o no sacrificarme. Eso está mal, ¿verdad?
—Es algo natural —respond×, asà tiene que ser… La culpa no es de usted.
—No estoy de acuerdo; es muy amable al decirme eso. Yo creo que eso obedece a que mi corazón no es del todo puro. Si fuera puro, sabrÃa qué decisión tomar. Pero ¡dejemos eso! Después, he ido sabiendo más de sus relaciones, a través del prÃncipe, de maman y del propio Aliosha, y me he dado cuenta de que son muy diferentes; acaba usted de confirmármelo. Y no dejo de darle vueltas a mi situación. Porque, si van a ser desgraciados, es mejor que se separen. Finalmente, tomé la decisión de preguntarle a usted toda clase de detalles, y de ir en persona a ver a Natasha y resolver el asunto con ella.