Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —SÃ, pero la cuestión es: ¿cómo piensa resolverlo?
—Diciéndole: «Usted le ama más que a nada en el mundo; por eso mismo, tiene que desear su felicidad por encima de todo. En consecuencia, debe usted separarse de él».
—SÃ, pero ¿cómo reaccionará ella? Y, suponiendo que esté de acuerdo con usted, ¿tendrá fuerzas para hacerlo?
—Eso mismo me pregunto dÃa y noche y… y…
De pronto rompió a llorar.
—No se imagina la pena que me da Natasha —murmuró con los labios temblorosos por el llanto.
No habÃa nada que añadir. Yo me quedé callado, y también sentà deseos de llorar, viéndola en ese estado por culpa del amor. ¡Qué encanto de chiquilla! No me decidà a preguntarle por qué se consideraba capaz de hacer feliz a Aliosha.
—¿Le gusta a usted la música? —preguntó, un poco más calmada, aún retraÃda tras las recientes lágrimas.
—SÃ, claro —respondÃ, un tanto perplejo.
—Si hubiera tiempo le tocarÃa el tercer concierto de Beethoven. Es lo que ahora estoy tocando. Plasma los mismos sentimientos… que estoy experimentando ahora mismo. O al menos eso creo. Habrá que dejarlo para otra ocasión, ahora tenemos que hablar.