Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Empezamos a considerar cómo podrÃa verse con Natasha y cómo habrÃa que arreglarlo todo. Katia me comentó que la tenÃan vigilada y que, por más que su madrastra era cariñosa y la querÃa, por nada del mundo le iba a permitir conocer a Natalia Nikoláievna; por eso habÃa decidido recurrir a un ardid. Por las mañanas solÃa salir a pasear, casi siempre en compañÃa de la condesa. Algunas veces la condesa no iba con ella, pero hacÃa que la acompañara una francesa, que justo entonces estaba enferma. Eso pasaba cada vez que a la condesa le dolÃa la cabeza; por tanto, habÃa que esperar a que se presentara una de esas ocasiones. Mientras tanto, Katia se encargarÃa de persuadir a la francesa (una especie de dama de compañÃa, una anciana), que era muy bondadosa. En resumidas cuentas, era imposible fijar de antemano la fecha de su visita a Natasha.
—Ya verá cómo no se arrepiente de conocer a Natasha —dije—. Ella también está deseando conocerla, lo necesita aunque sólo sea para saber en manos de quién se queda Aliosha. No se preocupe demasiado por esa cuestión. El tiempo lo arreglará, sin necesidad de que usted se inquiete. Tengo entendido que se marcha usted a la aldea, ¿no es as�
—SÃ, muy pronto, quizá dentro de un mes —contestó—; sé, además, que el prÃncipe insiste mucho en ello.
—¿Cree que Aliosha irá con usted?