Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Bueno, verá usted, aunque fuera un millón, hablan tanto de eso que ya resulta insoportable. Naturalmente, estaré encantada de contribuir a cualquier cosa que sea de provecho, ¿para qué quiero, si no, tanto dinero? ¿No cree? No obstante, aún no sé cuándo podré disponer de ese dinero, y ellos ya se lo están repartiendo, y deliberan, gritan y discuten cómo conviene gastarlo; hasta se pelean por ese motivo, algo que resulta bastante extraño. Se están precipitando. Pero, a pesar de todo, son tan sinceros… tan inteligentes. Son estudiantes. Eso siempre es mejor que vivir como lo hacen otros. ¿No le parece?
Y seguimos hablando un buen rato. Me contó casi toda su vida y escuchaba mis historias con avidez. InsistÃa continuamente en que le contara más cosas de Natasha y de Aliosha. Eran ya las doce cuando el prÃncipe se acercó a mà para comunicarme que ya era hora de retirarnos. Me despedÃ. Katia me estrechó la mano calurosamente y me dirigió una efusiva mirada. La condesa me invitó a que los visitara; el prÃncipe y yo nos marchamos juntos.