Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos No puedo callarme un peculiar comentario, que tal vez no guarde la menor relación con este asunto. A raíz de mis tres horas de conversación con Katia llegué, entre otras cosas, al extraño pero a la vez profundo convencimiento de que ella era aún una niña y no tenía ni idea del secreto de las relaciones entre el hombre y la mujer. Esto añadía una singular comicidad a algunos de sus razonamientos y, en general, al tono serio con que hablaba de muchas cosas importantes…